Amalia estaba en su habitación esperando la llegada de su marido para hablar de una vez por todas, pero se sobresaltó cuando la puerta se abrió bruscamente.
Filipo entró sin siquiera llamar.
Al verlo avanzar directamente hacia ella, se encogió por reflejo y protegió su cuerpo instintivamente.
Aunque él jamás la había golpeado, el miedo apareció por un instante.
Pensó en la posibilidad de que quisiera agredirla.
Sin embargo, ocurrió algo completamente distinto a lo que imaginaba.
Algo que jamás