Mientras su madre protestaba en la sala, Amalia fingió que iba al baño, pero en realidad se dirigió a la puerta del despacho para intentar escuchar la conversación entre su padre y su marido.
Todo parecía estar derrumbándose sobre ella.
Filipo lo había calculado todo a la perfección.
Todos estaban en su contra.
No podía creer lo que estaba ocurriendo.
Ni siquiera le habían dado la oportunidad de defenderse.
Sin embargo, sus pensamientos se detuvieron en seco cuando escuchó la voz de su padre al