Bastián
Los últimos días con Eliza habían sido un sueño. No era solo deseo: era necesidad. Una necesidad que me consumía como fuego lento. No podía dejar de buscarla, besarla, tocarla. Ya fuera en casa o en la oficina, ella se había convertido en mi adicción más dulce.
Me encontraba haciendo cosas que antes habría considerado impensables; dejar la oficina a mitad del día solo para llevarla al cine, cancelar reuniones por el simple y urgente deseo de tenerla en mi escritorio, como si el mundo pu