Bastián
Eliza había pasado todo el día anterior con fiebre y un fuerte malestar. Terca como siempre, se negó rotundamente a que llamara al médico, pero hoy, por suerte, amaneció un poco mejor, y logré que comiera algo. Parecía una gripe común, pero la había golpeado con fuerza, dejándola agotada. Yo no me separé de su lado ni un segundo, y era la primera vez, creo, en casi diez años, que faltaba dos días seguidos al trabajo.
Pero Eliza lo valía. Ella lo valía todo.
Desde que me disculpé y le co