Al día siguiente zarpamos de monte Carlo, nos dirigimos a Cerdeña.
Había llegado la hora de actuación estelar.
Hice mi aparición en la más pequeña de las piscinas, donde la mayoría de los pasajeros yacían bajo el sol.
En cuanto a sus ojos se posaron sobre mí, me quité lentamente la vaporosa camisa que cubría mi cuerpo. Deje al descubierto mi cuerpo, con la escasa excepción de aquellas zonas que tan escuetamente cubría mi biquini.
Por supuesto, lo hice con la absoluta indiferencia, como si n