Helena despertó del mundo de los sueños por un fuerte dolor de cabeza que apretó con crueldad sus sienes. Liberó un quejido de molestia y levantó una de sus manos hacia su cabeza, tratando de apaciguar el dolor.
Por un momento se negó a abrir los ojos, su cama, como nunca antes, se sentía blanda y mullida. Sus sábanas acariciaban su piel con cariño y el calor abrazador de la calefacción funcionaba mejor que nunca.
“Un momento.”
Se dijo a sí misma hacia sus adentros y aun con los ojos cerrados