Sebastián escuchó el pitido de que la llamada se había terminado, demoró unos segundos en reaccionar y darse cuenta de que Helena estaba en peligro, que él no tenía idea de donde estaba y que cada segundo era crucial.
Rápidamente tomó las llaves de su auto y corrió todos los pisos hacia abajo, casi saltando a su auto y arrancando a una velocidad que era ilegal en la ciudad, esquivando todos los autos y pasando los semáforos en rojo. Tenía que llegar cuanto antes a la empresa y desde ahí usar su