Celeste abrió la puerta con cuidado, apenas lo suficiente para deslizarse dentro, procurando que las bisagras no crujieran. La luz tenue caía suavemente sobre la figura dormida de Isla.
Por un momento, solo la observó respirar, lenta, ajena, tranquila.
Demasiado tranquila.
Su mirada bajó al vientre bajo la manta. El leve ascenso, la curva que antes no estaba.
La mandíbula se le tensó hasta doler.
Ese niño.
Un torrente de algo oscuro le retorció el pecho. Ira. Traición. Miedo.
Se llevó por compl