Los ojos de Lorenzo se clavaron en los míos.
Esa mirada.
Esa mirada mortal, como un rayo láser, culpándome de todo.
¿Perdón? ¡Yo no hice nada! ¡Y me llamaron “puta” dos veces! ¡Dos veces! Esta gente estaba loca.
Antes de que pudiera reaccionar, Amore se dio la vuelta como si todo aquel drama fuera… un simple inconveniente. Caminó hacia la casa con una postura perfecta, ni un solo cabello fuera de lugar.
“Ven,” dijo sin mirar atrás.
Y como un patito confundido siguiendo al cisne reina, me apresu