“Ma…”
Celeste apenas tuvo tiempo de girar la cabeza.
Amore no perdió ni un segundo.
En el momento en que estuvo a su alcance, su mano se lanzó, rápida, limpia y despiadada.
La bofetada resonó por toda la mansión como un disparo, rebotando en los suelos de mármol y las paredes de cristal. El sonido fue tan fuerte que parecía que toda la propiedad se estremeció con Celeste.
Celeste tropezó, el golpe la desequilibró. Cayó al suelo con un jadeo, los ojos abiertos y atónitos.
Lentamente, levantó la