Alrededor de las diez de la noche, estaba de pie junto al café del hospital, abrazándome a mí misma mientras esperaba mi café descafeinado.
Observaba a la gente pasar: enfermeras corriendo de un lado a otro, familias susurrando, desconocidos fingiendo que todo era normal. Entonces mis ojos se posaron en una pareja cerca de la esquina, discutiendo en tonos bajos pero cargados, como niños peleando por algo que ninguno de los dos quería admitir que les importaba demasiado.
Y de repente—
Lorenzo.
S