Me até el cabello y comencé mi rutina nocturna, quitándome el maquillaje mientras me miraba en el espejo.
Dios. La familia Del Fierro era una telenovela andante y parlante.
Primero, el clásico drama nuera contra suegra.
Luego, el lío del hijastro con la madrastra.
¿Y ahora?
¿Medio hermano y media hermana con el corazón roto?
Me pasé una mano por la cara, todavía con la loción en la palma.
“Qué demonios,” murmuré. “¿Es esto una familia o un culebrón de horario estelar?”
Me arrastré hasta la cama