Aria’s voice was calm but firm as she stepped fully into the room.
“Ella no lo robó”, repitió, mirando fijamente a los ojos del señor Fredo con una autoridad silenciosa.
La mandíbula del señor Fredo se tensó, las venas marcándose. “¿Qué haces aquí, Jane? ¿No te dije que te fueras a casa?”
Aria no se movió. Caminó lentamente hacia él, cada paso medido. “Te lo dije, papá. Nadie lo robó”.
Sus palabras quedaron suspendidas en el aire, cortando la tensión como una navaja. La sala quedó en silencio,