EL PUNTO DE VISTA DE OLIVIA
Me recosté en los cojines de seda, aún sin poder creer que las paredes a mi alrededor fueran reales. Todo relucía: la lámpara de araña, los marcos dorados, el suelo de mármol. Incluso el aire se sentía distinto aquí, más tranquilo, más refinado.
Pero justo cuando mi mente empezaba a divagar, mi teléfono empezó a vibrar. Una y otra vez.
Gemí y me cubrí la cara con la almohada. "Esta noche no", murmuré con la voz apagada.
La pantalla parpadeaba sobre la mesita de noche