PUNTO DE VISTA DE DAMIEN
Cuando la puerta se cerró tras ella, exhalé bruscamente, con una sonrisa de satisfacción dibujada en mis labios.
Ese tonto de Víctor no tenía ni idea de que yo estaba a punto de darle una lección en su propio juego.
—Se les dará lo que pidieron —murmuré entre dientes, con la mirada fija en el contrato que tenía delante.
Finalmente, todo empezaba a encajar. Ahora venía la parte más difícil: convencer a William Blackstone.
El hombre no era tonto. Nunca se creería que yo a