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Para cuando salí de la ducha y me vestí Alex ya estaba abajo con los demás. Eran sólo las 8 de la mañana cuando entré en la cocina y a juzgar por la cara de los demás no estaban muy entusiasmados de estar levantados como yo.

La única que se alegraba de estar levantada era Harper, que se contoneaba en su asiento mientras esperaba el desayuno.

Cuando me senté junto a Alex, la madre de Noah se acercó a la mesa y se puso frente a nosotros. Tenía los brazos cruzados y el rostro inexpresivo.

—Lo de a
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