Las paredes de su habitación estaban llenas de flores frescas, bordados dorados, y telas de colores cálidos. La luna aún no salía, pero en el palacio se sentía como si todo el universo se hubiera detenido para esa noche. Mariam estaba de pie frente al espejo. Tres doncellas la rodeaban, ajustando cada detalle del vestido elegido para la ceremonia del anuncio de compromiso. No era blanco, como el de una boda. Era de un tono marfil, con detalles plateados bordados a mano, inspirado en el atuendo