El silencio del palacio era distinto al de cualquier otro lugar. No era un vacío. Era una presencia antigua, que observaba desde los muros, que respiraba en las alfombras heredadas y en los cuadros dorados que decoraban los pasillos. Cada piedra del suelo contaba una historia. Zayd Al-Salim lo sabía desde niño. Lo había aprendido con disciplina, con sangre. Esa noche, sin embargo, no caminaba como príncipe, caminaba como hombre. Un hombre que había conocido a su prometida… y que no podía sacarl