Nos dirigimos al lugar, donde el ambiente era relajado. El aroma del café recién hecho y los pasteles recién horneados llenaban el aire. Nos sentamos en una mesa junto a la ventana, donde se disfrutaba de la vista del jardín exterior, un pequeño oasis verde que se lograba ver a pesar de que estábamos a unos cuantos pisos de altura.
— Entonces, ¿cuáles son esos chismes que me prometiste? — pregunté con curiosidad.
— Bueno, prepárate... — Samantha hizo una pausa dramática. — ¿Recuerdas a Mark del