Después de la cena, nos trasladamos al sofá, con las copas de vino en mano. La atmósfera se tornó más íntima, y la conversación, que había comenzado de manera ligera, se fue adentrando en territorios más profundos y personales. Sentí que era el momento perfecto para abrirme por completo con Samantha. Necesitaba liberar todo lo que llevaba dentro, como si las palabras finalmente encontraran su camino hacia la luz.
Así, con cada sorbo de vino, comencé a compartir mis pensamientos y sentimientos m