Zoé
Tener a dos hombres midiéndose el ego en una sala de juntas ya era una pesadilla, pero ver cómo se sumaba el tercero al circo fue el colmo de mi paciencia.
Apenas Thomas soltó la bomba sobre la traición interna de los Miller, la puerta de la sala se abrió sin previo aviso. Christopher entró con esa sonrisa relajada y encantadora que usaba para desarmar a cualquiera, las manos en los bolsillos de su pantalón de lino y ese aire de hermano despreocupado que tan bien sabía vender.
—¡Pero m