Zoé
Me quedé quieta un segundo, asimilando el peso de su propuesta. Con cuidado, di un paso hacia atrás, liberando mi mentón de sus dedos con una sonrisa suave pero cargada de límites claros.
—Thomas... ya hemos hablado de esto antes —le dije con voz tranquila y firme—. Te agradezco con el alma que te preocupes por mí, pero sabes perfectamente que solo te veo como a un gran amigo. Eres como mi hermano y no quiero confundir las cosas.
Thomas bajó la mano despacio, tragándose la resignación