—Sí —respondió Fernando, también mirando.
Ella seguramente crecería para ser como Aurora.
Una mujer de fuertes convicciones y lealtad.
Una vez dispuesto a dar por una persona.
Del tipo que podía costarte la vida.
¿Cómo no adorarla?
Alfredo suspiró: —Al final, tú tienes más suerte que yo…
Fernando no negó ese hecho.
Alfredo le devolvió Preciosa a Fernando.
No podía llevarlo consigo, aunque no quisiera soltarlo.
Sacó una tarjeta de su bolsillo.
—Es para la niña.
Lo único que podía ofrecer era ayud