La voz de Alfredo era baja, pero no importa cuánto tratara de ocultarlo, no podía esconder ese ligero temblor: —Si no bebes, no puedo asegurar que no me pondré violento.
Fernando entendía los sentimientos de Alfredo.
Pero por más que entendiera, no podía simplemente entregarle a Aurora.
Suspiró profundamente.
Levantó la copa y la vació de un trago.
¡Alfredo se sirvió una copa para él mismo y la bebió!
Puso su copa fuertemente sobre la mesa.
Chasqueó la lengua.
—Este licor es fuerte.
¡Tan fuerte