Aurora se quedó sin palabras.
Ella sostenía la taza de té y miraba fijamente a Fernando: —¿Cuándo aprendiste a hacer esto? ¿Hacerme adivinar? ¿Cómo podría saberlo?
—Fui a la comisaría, no para recibir una misión, sino un premio. Esta vez hice una contribución importante.
Él sacó algo y se lo entregó a Aurora: —Es para ti.
Aurora lo abrió y vio que había 5,000 en efectivo. Para personas como ellos, el dinero no era lo importante.
Lo importante era la medalla.
Aurora sabía que Fernando había pagad