Un escalofrío recorrió a Maya de pies a cabeza al imaginar los horrores que la aguardaban, pero no había escapatoria posible, estaba atrapada y sabía que no podría librarse.
Como un animal llevado al matadero, se dejó guiar por Dianco hasta la camioneta blindada que los esperaba en la pista, sus pasos eran mecánicos, desprovistos de voluntad. Era como si su espíritu ya se hubiera rendido.
Mientras el vehículo se alejaba del hangar, Maya contempló el paisaje a través de la ventanilla con ojos v