Maya permanecía en trance. Marcus sintió que una daga se clavaba dentro de su pecho, sabía que él era el culpable de aquello.
—Maya, mírame, soy yo, Marcus, tienes que reaccionar, vamos...
—¿Marcus? —balbuceó ella con voz débil, parpadeando lentamente— ¿Eres tú? Yo... lo siento tanto... no quería... no quería traicionarte...
Un sollozo desgarrador brotó de su garganta y más lágrimas se deslizaron por sus mejillas, Marcus sintió cómo algo se desgarraba en su interior al verla así, tan vulnerable