Kael
—¿Qué haces?
Fue la pregunta con la que Anya me despertó y me di cuenta de que Bazir había tomado el control porque tenía la imperiosa necesidad de protegerla. Eran muy contadas las veces en la que mi lobo hacía eso. Lo curioso es que nos acercamos a ella y comenzamos a lamerle las manos, en claro permiso para hacerle cariño.
Anya sonrió y comenzó a rascarnos detrás de la oreja, lo que hizo que gimiéramos de gusto.
—Eres un lobo feroz ahora, ¿eh? —dijo ella con burla y a Bazir eso poco le