Collin*
El dolor en el cuerpo fue lo primero que sintió.
Después, el olor a moho y madera envejecida.
Collin abrió los ojos sobresaltada.
Estaba en una habitación pequeña, sin ventanas, tendida en una cama dura e incómoda. Cuando intentó moverse, notó las muñecas sujetas.
Atada.
El corazón se le disparó.
Miró alrededor, pero no vio a Eve. No había pasadizos, rendijas ni salida aparente.
Tragó saliva y empezó a tirar de las ataduras, intentando soltarse.
Fue entonces cuando oyó girar la manilla.