Collin entró en la cabaña.
El fuego en la chimenea estaba bajo, proyectando sombras temblorosas por las paredes. El aire no era ni frío ni cálido, pero había algo denso en el ambiente, como si una tormenta estuviera a punto de desatarse allí dentro. Su instinto le gritaba que siguiera directo al dormitorio, pero antes de dar un paso más, la voz de él resonó en el espacio.
"Detente."
La orden vino desde un rincón oscuro de la sala. La respiración de Collin se detuvo. Pensó en correr, encerrarse,