capítulo 168: cosas

Alade*

El silencio que envolvía a los dos era espeso, como humo. Alade tenía la cabeza apoyada en el pecho de Miradiel, y sus dedos trazaban distraídamente líneas invisibles sobre la piel caliente de él. La respiración de Miradiel era lenta, profunda, y sus manos se deslizaban por la espalda desnuda de ella con una ternura casi dolorosa.

El calor del momento anterior aún palpitaba entre los cuerpos entrelazados, pero ella se apartó ligeramente, incorporándose sobre los codos.

"Estás muy callada
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