Astar*
La aldea dormía sumida en silencio, iluminada apenas por algunas llamas titilantes y por la niebla tenue que se arrastraba a ras del suelo. Pero dentro de Astar, el silencio era imposible. La mente palpitaba en desorden. Lejos de casa, de la seguridad del hogar, de los hermanos. Lejos incluso de sí mismo. Ya no conseguía sentir la presencia de su lupino interior. Era como si se lo hubieran arrancado. Sustituido por recuerdos demasiado violentos para soportar.
Agachó la cabeza, los ojos p