Los árboles susurraban secretos antiguos cuando los lupinos los guiaron bosque adentro. La densa arboleda de pinos parecía más viva bajo la luz anaranjada del atardecer, como si cada rama y cada raíz observara sus pasos. Alade sentía los pies hundirem-se en el suelo húmedo, mientras el olor a tierra, resina y sangre flotaba en el aire.
Cuando salieron de la espesura, el claro reveló la manada de Miradiel: no había murallas ni torres, solo una aldea rústica y vibrante, de casas pequeñas hechas d