Los colmillos de Heleana se clavaron hondo en el cuello de Alade, desgarrando piel y venas con un chasquido húmedo, salvaje. La sangre brotó caliente, escurriéndose por su clavícula mientras la criatura succionaba con desesperación.
"¡SUÉLTAME!" gritó, la voz quebrada, los brazos temblando mientras se debatía bajo el peso de la vampira.
Tanteó el suelo húmedo de la cueva, las manos desesperadas buscando cualquier cosa: una piedra, una rama, una maldita esperanza. Pero nada. Solo el suelo frío y