Sansón estaba agachado frente a la puerta de mi casa, temblando bajo el frío viento. Cuando me vio acercarme, un destello de esperanza brilló en sus ojos.
Fruncí el ceño:
—¿Qué haces aquí?
Sansón se apresuró a tomar mi mano, suplicando desesperado:
—Betania, sé que me equivoqué. No me abandones, solo yo te amo de verdad.
Al sentir la ruptura del vínculo de apareamiento cuando me fui, había entrado en pánico y me había buscado por todas partes.
Pero al ver su falsa expresión de arrepentimient