—Tengo regalos para ti, mi Kary—anunció Emerson con orgullo, cambiando de tema. Señaló con la cabeza algo que había detrás de él—. Lamentablemente, no puedo quedarme mucho tiempo. Le pedí a Rocky que me cubriera durante una hora, pero las cosas siguen un poco caldeadas en el sector de los jardines.
—¿Un regalo?—inquirió, estirando el cuello para mirar por encima de su hombro.
Kary había estado tan ocupada chupandole la cara a su hombre lobo que no se había fijado en la plataforma detrás de él,