El alfa no había querido hacer eso, no era ni de cerca su intención. No había querido recordar lo que estaba inevitablemente perdiendo. Pero mientras su mate estaba allí sentada, con las mejillas brillantes de lágrimas por su culpa, no pudo contenerse.
Una última vez, se dijo a sí mismo. La tendría una última vez antes de tener que enviarla de vuelta. Antes de que el lazo de mates lo acorralara y lo mandara a sufrir por el resto de su vida, como si se le extrajera la energía vital, poco a poco