La botánica no quería decirle esas palabras a él, admitir que ya era el fin de todo lo que habían conocido. O moría allí, jadeando por culpa de los desquiciados, o lo dejaba para ir a la tierra de la maldita corona real.
Emerson apretó la mandíbula y Kary podía ver que prácticamente estaba chirriando los dientes. El lycan asintió.
Ambos se vistieron rápidamente. Ella metió el colgante en la mochila reparada por los artesanos lycans para no perderlo. El hombre la cogió de la mano y salieron del