Capítulo 34

Pero el alfa por algo era alfa de la manada, él era mucho más rápido, demasiado rápido para los desquiciados, y fácilmente esas cosas quedaron atrás mientras los superaban, girando y retorciendo en varios caminos sin transitar a través de los árboles. Pero no podía estar encima de su lomo eternamente, le pitaba la cabeza, sus fuerzas se veían disminuidas y con cada rebote, escocían sus muslos. Pronto terminó cayéndose a un lado y rodando por el suelo.

El lobo se asustó y la empujó con el hocic
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