Casi se corre allí mismo. Kary intentó hablar, pero los únicos sonidos que salían eran gemidos bajos mientras los dedos del alfa acariciaban su carne resbaladiza.
—He leído algo…—murmuró, aparentemente para sí mismo.
—¿Qué?—jadeó, agarrándose de la poca razón que le quedaba.
Con la mirada clavada en la de ella, el hombre se echó hacia atrás, se deslizó hacia abajo, besando cada parche de piel que encontraba y su rostro quedó suspendido justo por encima de su monte de Venus.
Sus ojos bicolores