Kary se sentó en el nido de mantas en la habitación de Emerson, se sintió inquieta. Aún reparaba en la piel caliente y febril de él, por su inesperado encuentro con el hombre lobo. Todavía podía sentir la fuerza de uno solo de sus brazos, sujetando sus ambos brazos por encima de su cabeza, mientras la suspendía en el aire. Ese hombre podría haberle hecho cualquier cosa. Estaba a su merced, del todo indefensa.
A la veterinaria se le encogió el estómago, el calor que experimentó, aquel calor le l