El alfa sintió el cosquilleo familiar en el cuerpo, la oleada de poder en los músculos, y a su alrededor escuchó el canto alegre de las plantas, de los árboles, rebosantes de energía, prácticamente todo el castillo reaccionó y de estremeció con destellos cegadores desconocidos.
Podía decir con los ojos cerrados que no era la típica oleada que le producían los gritos de dolor de sus enemigos.
Literalmente se nutría del dolor de los enemigos y con él, también se nutría su castillo y todos viviend