96. Por sorpresa.
Por sorpresa.
Fue cuestión de un solo segundo, tal vez uno muy largo, uno en el que Franco alcanzó a ver con claridad cómo de la mano del ave salía algo violento y morado.
Aun así no logró identificarlo con claridad; lo único que pudo razonar de aquello es que la luz le iba a golpear en cualquier momento. Sabía que tenía que saltar, pero una extraña inmovilidad lo invadió y, de no ser porque las fuertes manos del transformista se apoyaron en su pecho y lo empujaron, aquella luz lo hubiera golpe