60. La sangre y la elección.
La sangre y la elección.
Axel me miró asustado. Pude ver en sus pequeños ojitos que tal vez había imaginado lo peor.
— ¿La mataste? — me preguntó — . ¿Mataste a la verdadera Ana para seguir pasando por ella?
— Claro que no, ¿cómo se te ocurre? — le dije.
Entonces pude ver cómo, al parecer, el niño suspiró un poco más tranquilo.
— Escuché la conversación que Gabriel tuvo con tu padre, donde le decía que necesitaba una luna, que ya la había contactado y que llegaría al pueblo en el siguiente tren. Entonces regresé al pueblo, me encontré con Ana y… bueno, le dije mentiras. Le dije que todo esto de Alaska era una trampa y que probablemente iban a matarla, y le pedí que se fuera. Así tomé su lugar.
— ¿Porque pensaste que Isabel era tu hijo? — preguntó el niño, mientras tomaba un pequeño palito humedecido por la nieve y lo metía en el fuego mientras este comenzaba a incendiarse.
— No estaba segura, solamente lo intuía por las conversaciones. Además, cuando el Alfa Bastian se postuló