60. La sangre y la elección.
La sangre y la elección.
Axel me miró asustado. Pude ver en sus pequeños ojitos que tal vez había imaginado lo peor.
— ¿La mataste? — me preguntó — . ¿Mataste a la verdadera Ana para seguir pasando por ella?
— Claro que no, ¿cómo se te ocurre? — le dije.
Entonces pude ver cómo, al parecer, el niño suspiró un poco más tranquilo.
— Escuché la conversación que Gabriel tuvo con tu padre, donde le decía que necesitaba una luna, que ya la había contactado y que llegaría al pueblo en el siguiente