45. El trato de carne.
El alfa abrió mis piernas despacio y ya no pude evitar sentirme intimidada, porque en efecto yo no era virgen, porque por ese mismo canal todavía había salido una pequeña hija, pero dentro del contexto de la virginidad como tal lo era, porque jamás había estado con un hombre. No sabía lo que se sentía tener su cuerpo sobre el mío.
Y si antes sentía asco y repudio por Maximiliano, ahora no sabía qué sentir. Antes pensaba que el hombre era parte del laboratorio que me había secuestrado, que me habían inseminado bajo su propia orden, pero ahora sabía que no era así. Ahora sabía que el hombre no era más que una víctima más en todo eso.
No podía evitar sentir rabia también. Si habían llevado a mi hijo, ni siquiera se habían tomado la molestia de asegurarse de si yo estaba viva. Solamente dijeron: láncenla en la basura. Y aquellas frases quedaron marcadas en mi cabeza para siempre, estaba segura de que jamás sería capaz de olvidarlas.
Y ahora estaba ahí, a punto de hacer el amor con él, y n