46. El heredero.
La presencia del hombre se sentía con una fortaleza extraña. Tal vez era por su raza, por su extraña condición que yo no había sido capaz todavía de entender, pero sin importar cuáles fueron las razones, cuando me abrió de piedras para posicionarse en medio de mí, no pude evitar sentir que había dejado de ser completamente dueña de mi propio cuerpo y mis propias acciones. Ahora era suya, podía sentirlo. Voy a sentir en cada fibra de mi cuerpo como el hombre me puede decir nada de una forma que nunca había sentido.
Entonces comenzó a hundirse muy lentamente, estilos humano, y el apoyo en mi cuello para mantener la cabeza hoy en sujeta contra la cama, mientras seguía hundiéndose en mi interior. Un extraño ardor me invadió, acompañado de la sensación de llenura. Sentía como aquel endurecido miembro que comenzaba a escurrirse en mi interior me llenaba, me llenaba por completo, como si hubiera estado vacía por dentro, pero ahora aquel vacío estaba haciendo llenado, estaba haciendo llenado