27. Una noche antes de la verdad.
— Claro que sí, la prepararé de inmediato — dijo la mujer de las alas — . Pero eso me tomará prácticamente toda la noche. Recuerda que la última dosis la usamos en aquel campesino que vio pasar el remolque de Alaska, para poder encontrar su ubicación.
— Está bien — añadió el Alfa mientras me miraba nuevamente de los pies a la cabeza.
— Entonces voy a prepararlo. Vamos a darle una bonita bienvenida a nuestros invitados. Llévenlos a la celda.
Las criaturas aladas nos tomaron con un poco de brusquedad y nos sacaron de aquel lugar. No sabía qué diablos era de lo que estaban hablando, pócimas de verdad, decía yo, no sé qué otras tonterías, pero ya había visto cómo hombres se transformaban en lobos, cómo había personas con enormes alas que podían arrastrarte por el aire, así que una opción para la verdad era lo menos extraño que podría aparecer en este momento de mi vida.
Franco parecía tener un fuerte dolor de cabeza y no dijo nada en el trayecto, mientras los cuervos nos llevaban