136. El Cuerno y la Partida.
Me recosté en la cama mientras apretaba con fuerza el cuerno que una de las trillizas le había arrancado al Cuervo. Era extraño; podía sentirse prácticamente con vida, porque podía sentirse la calidez que desprendía en la palma de mis manos. Era como si aún estuviera conectado a la criatura. Y yo quise creer que tal vez podría servir para algo, para alguna especie de hechizo.
Había tenido tiempo de conversar con Franco, el lobo. Me había dicho que Francisco lo había sacado de aquella cueva util