129. La Llegada de la Manada.
Franco se acercó al transformista, lo tomó entre sus manos y lo recostó en su regazo.
— Estoy bien — dijo el vampiro.
Pero todos los que estábamos ahí sabíamos que no, que no estaba bien. Las heridas en su torso no sanaban. Yo regresé después de un rato de haber ayudado; muchos de los heridos habían comenzado a sanar por su sanación acelerada, pero muchos otros no; les faltaba sangre, les faltaba su alimento principal. Sin él, no podrían recuperarse. La mayoría de los heridos estaba destinada