124. La Intercepción Final.
El dolor que me atravesó fue agobiante; ahora entendía por qué Lara, Santiago y Maximiliano no habían podido hacer nada cuando Calipso se llevó a Isabel, porque el dolor era cegante.
La imposibilidad de transformarse era aterradora; literalmente estaba atrapada. Extendí mi conciencia hacia Franco; el lobo había logrado esquivar varios de los ataques del Cuervo y corría hacia él. Santiago intentó regresar para ayudarme, pero yo me negué.
— Estoy bien — le dije en mi mente, intentando ocultar el enorme sufrimiento que estaba atravesando — Ve con él. Atácalo, atácalo. Si lo matamos, estaremos todos a salvo.
Entonces él dio la vuelta y corrió junto con Franco. La misión principal era intentar cortar su poder; el hechizo tenía disparos limitados, pues ya lo sabíamos, pero a pesar de que había agotado sus hechizos contra los lobos, de alguna forma había creado otro nuevo porque sabía que Isabel estaba ahí; tenía que neutralizarla.
Posé la mirada a donde estaba la niña. Algunos de los vamp